El desfile atemporal, que no oportuno, de Ralph Lauren

Ralph Lauren es alguien a quien hay que dar crédito, un caballero con agallas. Este podría ser un término más propio de la mafia para hablar de violencia, pero también denota un fuerte espíritu para hacer frente a la adversidad. Y de eso, el diseñador anda sobrado.

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Ralph Lauren - Fall-Winter2018 - Womenswear - New York - © PixelFormula

El negocio de Lauren continúa sacudido por unas ventas frustrantes, pues los millennials prácticamente lo han desterrado, la era de Instagram está sobrepasando a la firma y su producto apenas ha evolucionado en años. Pero el diseñador sigue todavía ahí, saliendo a recibir su ovación y recorriendo su larga pasarela en Skylight Studios, a orillas del río Hudson, al final de su desfile. 

Lauren salió abrazando a su mujer Ricky y saludando a unas pocas estrellas de cine que ocupaban el front row en la mañana de este lunes. Entre ellas figuraban Ketie Holmes y Hilary Swank. Lauren iba vestido con una clásica americana cruzada, pantalones vaqueros y botas western, un estilismo algo incongruente después del desfile, que había estado inspirado en sus vacaciones en Montego Bay, Jamaica.

Después de dos duros años, los últimos resultados de Ralph Lauren han sido incluso peores, pues la casa sufrió una caída de sus beneficios en Norteamérica del 10% en el último trimestre de 2017. Y, pese a un ligero crecimiento en China, en el cómputo global descendieron un 4%.

Con esta colección no parece que le vaya a ir mucho mejor. El desfile abrió brillante con unos preciosos vestidos de tablas y otros con estampados de conchas marinas. También presentó un par de reseñables looks vaqueros, especialmente un vestido cóctel en denim desteñido y decorado con plumas azules que vistió la modelo Bella Hadid. Sin embargo, en demasiados momentos pareció más bien una modernización de sus diseños para vacaciones en los Hamptons con motivos caribeños. Enormes corbatas con estampados clásicos de yates y jerséis de punto con transatlánticos fueron algunas de las propuestas del desfile de hombres, donde los cincelados modelos parecían en su mayoría personajes de dibujos animados recién salidos de una película en la que Dick Tracy se va de vacaciones.

La música en el carrusel final fue la del artista más conocido de Jamaica, Bob Marley, y sonó ‘This is love’ en un escenario que era algo así como una versión de su casa caribeña con persianas venecianas y divanes. Casi pareciera el anhelo del diseñador por gozar de un momento de tranquilidad mientras el imperio de la moda que fundó pierde fuelle.

“Todo el mundo desea tener un lugar donde dejar volar el tiempo y contemplar la belleza de la naturaleza. Mis colecciones para mujer y para hombre evocan el estilo sofisticado y despreocupado que acompaña esta experiencia, un instante lleno de energía y atemporal”, afirmó el diseñador de 78 años. Atemporal y oportuno, algo que claramente no fue esta colección. 

Dicho esto, Lauren es el último ejemplo en el actual y complicado momento que vive la moda, de una serie de potentes y asentadas marcas que no saben actuar con la rapidez suficiente para adaptarse a los gustos del mercado. Otra marca pillada por sorpresa por los caprichos del retail, el mundo digital y sus nuevos consumidores.

Traducido por Eva Gracia Morales

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